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La Vivienda en el Mundo Romano

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La Vivienda en el Mundo Romano

Mensaje  Scipio el Mar Mayo 03, 2011 5:54 pm

LA VIVIENDA EN EL MUNDO ROMANO

Antes de nada deciros que esta magnífica información la he sacado de un foro que me parece fantástico y que os aconsejo que visiteis. La dirección es: http://histoconocer.mforos.com/1584559-historia-antigua/

El modelo clásico de residencia romana unifamiliar fue la domus, cuyo origen fue doble, partiendo tanto de la cabaña latina como de las casas etruscas.

Las cabañas latinas eran chozas hechas de ramas y barro, con la armadura del techo realizada con troncos, con un puntal central, y techadas de paja y brezo. Al principio eran circulares, para pasar después a ser rectangulares; eran hogares de un solo espacio o habitación, con un suelo de tierra apisonada con guijarros, y el zócalo de los muros realizados con zarzos (cañas, mimbres o juncos) trenzados y barro, en los que la vida se desarrollaba en la única dependencia: servía de cocina, dormitorio, taller o despensa.

La puerta estaba guarecida con un porche soportado por dos postes laterales.

Este tipo de casa está representada en las urnas funerarias hacia el 800 a.c.


La otra gran influencia que se tuvo a la hora de crear algo tan romano como la domus fue la casa etrusca, cuyo desarrollo parte de las cabañas del siglo VII a.c., cuando se generalizaron las plantas cuadrangulares, con una construcción mas sólida, levantando muros de adobe sobre zócalos de piedra, y se sustituyó el tejado de ramaje y barro por los tejados de tejas, de arcilla cocida o realizadas con losas de piedra; otra innovación básica fue el inicio de la división interna, generando dos espacios: uno se dedicó al quehacer diario y el más interno constituyó el dormitorio.

A finales del siglo VII a.c., de nuevo se avanza en la evolución de la casa etrusca con la aparición de nuevas estancias a ambos lados de la entrada, y otro par a los lados del dormitorio.

En este dibujo de abajo se puede apreciar las habitaciones que se abren a los lados del dormitorio central del fondo, así como las de la zona delantera, a ambos lados del pasillo de entrada. Bajo este pasillo corre un canal de desagüe (A) del agua procedente del patio central en el cual hay un pozo (B), con un aliviadero hacia otro reguero lateral que recorre el espacio entre los muros de dos casas vecinas.


En el siglo VI a.c., se abrieron nuevas habitaciones en torno al espacio central, que se fue delimitando con una lenta evolución, teniéndose que realizar una apertura en el tejado para abrir una vía de luz y ventilación, dando lugar a lo que se conoce como atrium. De aquí evolucionó la casa itálica, la domus.

Donde mejor se puede observar el desarrollo de los tipos domésticos en la cultura romana es en Pompeya, y las demás ciudades sepultadas, en el caso de las domus y las villae (casas de campo), y a Ostia, en el caso de las insulae, o casas de alquiler, ya que Roma conserva muy pocos restos de estas unidades de habitación debido al desarrollo que ha tenido como núcleo urbano.

Sin embargo contamos con un elemento esencial, la Forma Urbis Marmórea, que no es más que la plasmación sobre una inmensa placa de mármol de un plano detallado de la ciudad de Roma, mandado levantar por Séptimo Severo en el siglo VII d.c., en el que se recogieron los diferentes edificios singulares (templos, termas, mercados, edificios lúdicos, etc.), así como las diferentes tipologías de domicilios de los romanos, domus e insulae, sabiendo que el número de las primeras era de 1.797 y que las segundas llegaban a 46.602.

La propiedad de una domus y una villae, era el reflejo simbólico de una riqueza tradicional basada en la tenencia y la explotación de la tierra, y que sus habitantes formaban un conjunto familiar asociado a ese edificio por generaciones. En cambio la posesión de las viviendas de una insulae estaba temporalmente en manos de los inquilinos, ya que la mayor parte de las veces la propiedad de estos edificios inseguros e incómodos la ostentaba la gente que vivía en una domus.

Tipos de Casas

La Domus

Este tipo de vivienda se levantaba sobre una superficie media de 800 metros cuadrados, teniendo un desarrollo horizontal principalmente.

La base de las futuras construcciones domésticas unifamiliares que se dieron a lo largo de todo el Imperio, salvando las condiciones localistas climático-culturales, tiene un origen común: la casa itálica.

Partes de la casa


Siendo la letra (A) el atrium. La (C) la cubicula (dormitorios), la (T) el tablinum (pieza reservada al padre de familia y se puede traducir como despacho), la (H) hortus (jardín o huerto).

Este tipo de residencia giraba en torno al atrium, ya que hacia la calle presentaba un muro ciego y macizo. Era el lugar central, donde la familia realizaba las actividades domésticas y colectivas. Podría ser el recuerdo del espacio único de las cabañas primitivas. Fue también el sitio donde se comía y se guardaba el agua en un principio.

En las casas más antiguas, el atrium, tenía solo una apertura hacia la calle, la puerta, que servía tanto de paso como de lucernario; el sistema de entrada estaba constituido por varios elementos como el vestibulum, espacio existente entre la entrada principal y la calle, lugar de refugio, protección y resguardo del ajetreo de la vía, así como sitio de espera de los clientes para la salutatio diaria al patrón; las puertas de la fachada eran normalmente de doble hoja y que desembocaban en el último elemento, las fauces, corredor en pendiente ascendente que unía el vestíbulum con el atrium, protegido este de las miradas indiscretas procedentes de la calle mediante otro par de puertas

En este dibujo se representa el sistema de entrada con un pequeño vestíbulum, puerta de doble hoja en la fachada, y las fauces cerradas en el atrium con una puerta interna de tres batientes.

Con el paso del tiempo, y debido a la ampliación del tamaño de la casa, la función de pozo de luz fue realizada por una apertura que se tuvo que realizar en el tejado, naciendo así el compluvium, que además fue utilizado como lugar de escape del humo procedente del hogar y como sistema de provisión de agua procedente de la lluvia, recogida en un estanque rectangular, impluviun, que se hallaba en la vertical del hueco, donde se retenían aquellas impurezas que pudieran ser arrastradas con ella, antes de ser depositada en una cisterna bajo el pavimento de la estancia, constituyendo el primer recurso hídrico doméstico. El agua era sacada del depósito subterráneo a través de un brocal de pozo, el puteal; este sistema fue utilizado hasta la generación de las fuentes públicas, y hasta que las conexiones privadas a los canales de distribución de los acueductos se hicieron comunes. Una vez el agua se pudo obtener del servicio general hidráulico, la mayoría de los impluvia se convirtieron en un elemento puramente decorativo, adornándose con surtidores y estatuas.



Aquí se puede ver la sección del impluvium, permitiendo ver el canal de unión con la cisterna, así como el pozo cilíndrico para sacar el agua del depósito y el puteal que lo cierra.

En el eje de las fauces, y al borde del impluvium se solía encontrar el cartibulum, una pequeña mesa de mármol, trasunto de la única mesa que existía en las cabañas. Sobre estas mesas se solían tener vajilla de bronce para recordar los tiempos en los que se cocinaba en el atrium.


Junto a la mesa se encontraba el puteal, brocal de mármol o cerámica que cubría el agujero que comunicaba con la cisterna; esta tenía un conducto de desdagüe enrasado con el nivel máximo del agua a contener que corría bajo las fauces y desembocaba en la calle, delante de la puerta de la casa, por el cual corría el exceso de agua procedente de las lluvias una vez la cisterna estaba llena.

Esta imagen es la de un puteal o brocal de pozo de mármol blanco, procedente de Emérita Augusta. Se pueden observar las hendiduras realizadas en el borde interno por el continuado roce de la cuerda utilizada para subir y bajar el recipiente a la cisterna a por agua.

El Atrium

En el atrium se hallaba el lararium, lugar donde se rendía culto diario a los dioses lares, representados como dos adolescentes con un rhytion (recipiente donde los fluidos esperan ser bebidos) y una patella (concha cónica sin apertura) realizando una libación, así como el genios (deidad familiar) en forma de serpiente con cresta. Los lararium podían ser meros nichos en la pared, mas o menos decorados, o bien verdaderos templetes de madera con un armario inferior, donde se recogían los elementos necesarios para el culto una vez usados.



Las próximas fotos son un Lar y un arula, ara en miniatura, de cerámica para quemar pequeñas ofrendas y hacer fumigaciones de incienso, de uso doméstico, a imitación de las realizadas en los edificios de culto mayores.


La cubrición del atrium con el sistema compluvium-impluviun data del siglo III a.c. y podía realizarse de cinco maneras distintas:

Atrium Tuscanicum: Formado por dos vigas maestras dispuestas a lo largo del espacio a cubrir, con otras dos perpendiculares a estas y que enmarcan el hueco del compluvium, descansando en las maestras; de las paredes salen otras vigas menores que convergen en los ángulos de la estructura y que sirven para sostener los cabrios que sobresalen y forman los sobradillos para verter el agua en el impluvium.


Atrium Corinthium: Vigas y compluvium están situados de manera similar a los del tuscanicum, pero se apoyan sobre columnas, en un número no inferior a seis.


Atrium Tetrastylium: Son aquellos en los que las vigas del tejado son sostenidas por cuatro columnas en los ángulos que forman las vigas maestras y las que conforman el hueco del compluvium, dando solidez y refuerzo a las paredes.


Atrium Displuviatum: Son aquellos en los que el tejado vierte hacia fuera del atrium, no entrando agua en el impluvium. Sería opuesto al tuscanicum. Este tipo de cierre tenía la desventaja de crear serios problemas de humedades en las paredes debido al vertido de las aguas de lluvia hacia fuera; pala paliar esta dificultad, normalmente el agua era recogida en unas tuberías de barro que iban empotradas en los muros y que desaguaban en el sistema de alcantarillado.

Atrium Testudinatum: También llamados abovedados, ya que se construyeron sobre espacios no muy grandes, estando cerrados, y por carecer tanto de compluvium como de impluvium. Normalmente estaban construidos encima.


En los casos de que los atrium tienen columnas, tetrastylium y corithium, se han documentado anillas de hierro en la parte alta de las mismas ue sirvieron para tender el velum, especie de toldo que en verano refrescaba la estancia y protegía a los habitantes de la casa de las miradas indiscretas de los vecinos de edificios más altos, sin impedir la ventilación ni la luz, aunque esta entraba matizada.

Otro elemento que con cierta frecuencia solía estar en los atrium era el arca, caja de caudales de madera forrada con planchas de hierro y bronce, y sujeta al suelo mediante fuertes barras de hierro embutidas en la argamasa del pavimento. Servían para contener los objetos valiosos de la familia: dinero, documentos y vajillas de metales preciosos.


Otras partes de la casa: En torno a este espacio central se organizaban el resto de las estancias que componían el ámbito doméstico. Estas eran:

Tablinum: Se encontraba en eje casi siempre con las fauces y al fondo del atrium. Es una habitación totalmente abierta y gfrande, que hacía las veces de sala de recepción, fundamentalmente en el saludo matinal al patrón y servía también de despacho del pater familias, de depósito de los documentos familiares y de comedor, también estaba el lecho nupcial o lectus genialis. Se cerraba con cortinas, celosías o paneles móviles de madera. Solían tener el suelo más elevado.

Alae: Eran sendos habitáculos polifuncionales, sin ventanas, que se abrían al atrium en toda su anchura y en origen fueron alcobas para camas secundarias. Con la evolución de la casa hacia el modelo puramente romano, estos espacios se dividieron y cerraron, generando diversas soluciones según los casos, dando lugar a la aparición de dormitorios, como a cocinas u otros ámbitos domésticos de menor tamaño.

Cubicula: Pequeños espacios que se abrían al pozo de luz y ventilación que era el atrium, y que fueron evolucionando hacia dormitorios.

Culina: No tuvo un lugar definido dentro del ámbito doméstico, ya que en su origen se encontraba en el atrium el hogar donde se transformaban los alimentos, hogar que no paso nunca de ser más allá que un fuego bajo.

Cuando el atrium varió y diversificó sus funciones, como espacio social de la casa, el fuego tuvo que salir y buscar nueva ubicación, siendo esta cualquier habitación de carácter secundario que pudiera tener una mínima ventana hacia el exterior, pero que no estuviera muy lejos del comedor para que no llegaran fríos los platos a la mesa.

El siguiente paso que se dio fue la creación de un banco de obra adosado en el rincón de dos paredes, con la superficie superior plana, lograda mediante do o tres tegulae, tejas planas utilizadas en el mundo romano en la cubrición de tejados, a los cuales también dieron otro tipo de usos.


La meseta de obra tenían en el frontal un arco de medio punto para contener el combustible y las vasijas empleadas en la cocina, aunque lo normal era que la batería estuviera colgada en las paredes que la circundaban.

El borde de la superficie del depósito de las ascuas estaba reforzado por imbrices, tejas curvas, que servían de defensa para evitar quemaduras al cocinero por el desplazamiento de los rescoldos hacia fuera, y sirvió para crear una capa uniforme de brasas y de calor en la que poder cocer los alimentos a una temperatura más homogénea. En algunas cocinas se incluía un pequeño horno. El suelo de la culina se realizaba normalmente con un tipo preparado característico del mundo romano, la denominada opus signinum (formado por un aglomerado realizado con fragmentos de ladrillo o teja machacados y unidos con cal, al que se le añadía una parte de aceite, que reaccionaba con la cal saponificándose y creando una superficie impermeable y fácil de limpiar), aunque también se han encontrado suelos con un simple preparado de tierra apisonada, menos higiénica, pero muy absorbente. En muchas culinae se han encontrado altares dedicados a los lares, justo encima o muy cerca del fogón, y que representa el lugar de su culto por parte de los servidores de la casa. No se suele encontrar pila para lavar la vajilla ni la batería de cocina, teniendo que recurrir a recipientes de gran tamaño como palanganas o baldes.

Latrina: Separada por un murete, por un tabique o por nada se solía hallar la latrina, constituida por un asiento de madera o piedra, con un orificio en forma de “ojo de cerradura” en la parte superior y una ranura vertical, continuación de la parte frontal y con frecuencia estaban comunicadas con las cloacas.


Estas latrinae domésticas probablemente estuviesen dedicadas al uso del cuerpo de servicio de la casa, y que los dueños de la casa usasen las que existían en los establecimientos termales de las ciudades, más cuidadas estéticamente y solo recurrirían a las caseras en caso de extrema necesidad.

Además, este punto está reforzado por la aparición de orinales en los dormitorios señoriales de algunas casas.


Hortus: Es un pequeño pedazo de tierra integrado dentro de la construcción, generalmente en la parte posterior de la misma, a cielo abierto, y cuya finalidad fue el cultivo de plantas de huerta para el consumo doméstico, así como algunas flores utilizadas en las ceremonias religiosas familiares.

Por influencia griega, en el siglo II a.c., se fue paulatinamente introduciendo un tipo de jardín que sustituyó y amplió el primitivo hortus.

Se trata del peristylium, que era un patio rodeado de columnas que encerraba el jardín preexistente, decorado en la mayoría de las veces con un estanque y surtidores,

Dentro de la evolución de los espacios domésticos, a la vez que se iba desarrollando y ampliando el modo de vida urbano, algunos sufrieron una transformación radical pasando, de ser habitaciones propias de las domus, a convertirse en ámbitos de marcado carácter público. Se trata de las dependencias que había a ambos lados de las fauces en la fachada y que se fueron convirtiendo en tabernae, tiendas o locales que se abrían a la calle y que en algunos casos mantuvieron la comunicación con el interior de la domus, aunque lo normal es que se perdieran ya que pasaron a estar en régimen de alquiler.

Estas tabernae tenían, al menos, dos habitáculos diferenciados, siendo el exterior donde se colocaba el mostrador y el interior donde se ubicaba el taller para realizar los productos que se ponían a la venta, así como el almacén.


De una de estas dependencias arrancaba una escalera que daba paso a la residencia del dueño de la tabernae, situada encima. Por lo general tenía la misma distribución a la de la tienda, dos piezas: una hacia las veces de comedor o dormitorio menor y la interior de dormitorio principal. Lo normal es que las familias que ocupaban este tipo de residencias compraran la comida ya preparada y cocinada, en los muchos establecimientos que con tal fin existían en las ciudades romanas, evitándose así el riesgo de incendio en esas precarias casas.

Como consecuencia de la introducción del peristylium, el ámbito doméstico sufrió una revolución, ya que se amplió el espacio dentro de la domus, y este fue ocupado por la importación de dependencias, que si pronto se romanizaron, mantuvieron el nombre original heleno. Ahora se diferenciaron mucho más claramente las dos esferas de la domus: la pública con las fauces, atrium y tablinium y la netamente privada que se centro en torno al peristylium, donde se concentraron los cubicula y fundamentalmente las habitaciones de nueva creación.

Entre estas habitaciones nuevas destaca el triclinium, pieza de un tamaño mediano-grande y cuya finalidad fue la de comedor. Lo heredó del tablinum, convertido ahora en despacho y depósito de documentos del pater familiae. El habitáculo recibe el nombre del conjunto de mobiliario formado por los tres lechos, en los que los comensales se reclinaban, y una mesa central, donde se depositaban las bandejas con los alimentos, que eran los comedores de gala en el mundo romano.


La colocación de los comensales sobre los lechos tenía un orden preestablecido y fijado por la etiqueta, consistente en localizar al invitado de honor en la posición medius- 3.


Los sofás del triclinium se denominaban: imus, medius y summus, según estuviesen situados en cercanía a la puerta de acceso y eran ocupados en orden de importancia social.

Dentro de las incorporaciones procedentes del mundo griego destaca el oecus, una sala grande de planta rectangular y a veces cuadrada, de tres tipos diferentes:

Tetrastylium: En la cual la zona central estaba delimitada por cuatro columnas, sobre zócalo, sosteniendo una bóveda rebajada que descansa normalmente sobre arquitrabes y cornisas, de madera o de yeso. Las columnas crean un espacio entre las paredes laterales y el centro, que fue utilizado por los servidores para atender tanto a sus amos mientras comían, como para presentar los platos que se iban a degustar, así como otras tareas propias del servicio.


Corinthium: Similar al anterior en la disposición de la zona central y los pasillos laterales, solo que delimitados estos en tres de sus lados por una serie de columnas que se apoyan sobre el suelo.


Aegyptium: Con un orden de columnas en paralelo a las paredes de la habitación y están techados con una terraza; sobre el arquitrabe del primer orden y a plomo con ellas, va un segundo cuerpo de columnas, un cuarto más pequeñas y sobre este arquitrabe descansa el artesonado. Entre las columnas del segundo cuerpo, se abren las ventanas. Tiene perfil de basílica de tres naves. Generalmente eran las qe tenían cuatro juegos completos de mobiliario triclinar.


Otra de las incorporaciones fue la exedra, de planta rectangular. Estaba más ricamente decorada que los triclinium, ya que fue un espacio dedicado al aparato y lucimiento del dueño de la casa.

Solía incorporar complejos esquemas decorativos, que afectaban sobre todo al mosaico del suelo y la decoración pintada de las paredes.

http://i25.servimg.com/u/f25/16/45/14/57/exedra10.jpg

n el Bajo Imperio dio mucho juego en las grandes villas, siendo destinada a lugar de recepción del patronus a los clientes, y se configuró como una habitación de planta rectangular y cabecera absidada sobreelevada, donde estaba el asiento del dueño.

Esta reforma o adaptación de elementos de influencia helenística hizo que los cubicula se retrotajesen al ámbito que circundaba el peristylium y los definiera como una unidad de habitación claramente tipificada.

Por último, cabe citar la aparición de un elemento, que al ampliarse el espacio de la casa, se introdujo en algunos domicilios. Se trata del baño privado, trasunto doméstico de las grandes termas públicas. Solían estar constituidos por dos dependencias, una que hacia las veces de vestuario o apodytherium y de tepidarium o zona templada y la otra era la sala caliente o caldarium. La zona de baños domésticos se localizan en las cercanías de la cocina para, por un lado, aprovechar el calor del horno en el caldeamiento de las salas, y por otro, la proximidad del hogar favorecía que el agua caliente n ecesaria estuviera siempre a la temperatura adecuada.


El núcleo original de la casa se fecha en el siglo III a.c.,y se correspondería con la letra A, y los números:

1 fauces; 3 atrium tuscanicum; 4 tablinum; 5 alae; 6 cubicula; 9 hortus.

El número 2 pertenece a un thermopolium abierto en una de las dos dependencias que la casa tiene en la fachada.

7 comedores; 8 culina; 11 peristylium

La letra B corresponde a un thermopolium, con dos habitaciones en la trasera, probablemente la vivienda del que lo atendía, así como otra dependencia sin uso tipificado, una tienda, con la vivienda del que la regentaba en un piso superior no conservado, que queda de manifiesto por los restos de escalera que se conservan en el ángulo superior derecho.

La letra C es una panadería, también independiente de la casa, constituida por:

12 área con los molinos de piedra volcánica para moler el trigo y obtener la harina; 13 el horno de cocer el pan: 14 el laboratorio donde se fermenta la masa: 15 el despacho de los panes una vez cocidos; 16 el acceso a la vivienda de los panaderos.

Insulae

Cuando una civilización va avanzando, también lo hace en complejidad y esta se diversifica. No solo lo hacen sus instituciones, sistemas y tecnologías sino también sus clases sociales, sus estructuras, viviendas y sus servicios. Roma es el primer ejemplo en la historia de una ciudad superpoblada, en un determinado punto sus habitantes pasaron del millón. Las grandes masas de población que habitaban la ciudad tenían la necesidad de una vivienda barata y fácil de obtener, sin servicios ni comodidades pero si de un techo. La superpoblación en Roma da inicio a un tipo de vivienda llamada insula (insulae), o isla, nombre muy apropiado ya que estos edificios estaban rodeados por calles, y era el equivalente a las manzanas actuales solo que en una sola y gran estructura. Era un tipo de edificios de departamentos que se empieza a ver en el siglo III a.c. Fue la necesidad la que llevo a construirlas, y la especulación las transformó en trampas mortales ya que los incendios y los derrumbes azotaban este tipo de construcciones. Ello llevaría a que con el tiempo este tipo de viviendas, que era la que habitaba la mayor parte de la población, se vieran fuertemente reguladas.

Características: Eran edificios de tres a cinco plantas, construidas en adobe y madera, pero fueron evolucionando a edificios de ladrillo cocido y concreto. Los departamentos se amontonaban unos con otros, eran de planta cuadrada y no poseían patio interior, y eso complicaba su acceso. Poseían balcones y ventanas, pero sin vidrio, que oportunamente eran tapiadas con tablones de madera durante el invierno.

Eran simples, rústicos y monótonos y, por la falta de regulación, muchas veces se convirtieran en laberintos de escaleras verticales. La gran mayoría de las ínsulas carecían de agua potable y baños, lo que obligaba a la gente a acudir a baños públicos y fuentes en el mejor de los casos.

Muchos accidentes se producían por la cantidad de deshechos y residuos que salían despedidos de las ventanas, a veces impactando sobre los peatones que deambulaban por los márgenes de los edificios. Eran un equivalente a las manzanas actuales pero dispuestas de manera irregular. Los pisos inferiores eran los más costosos y generalmente estos eran utilizados como comercios. Los pisos superiores, de muy difícil acceso eran más baratos e inseguros, sobretodo cuando se producía derrumbamiento de la superficie causando muchas víctimas. Los pisos superiores, antes de las reglamentaciones, eran construidos de madera para alivianar la carga del peso estructural. Además no todos los departamentos tenían la misma calidad en cuanto a comodidades.

Los de la planta baja eran utilizados como negocios. Los del siguiente piso eran departamentos más costosos que los demás y se consideraban departamentos de lujo. La mayoría de los habitantes de las ínsulas pagaban un alquiler. Esto ocurría por la característica en la construcción de estos edificios, los cuales eran levantados por un hombre de negocios que buscaba especular con este. Por esta razón era muy difícil encontrar un departamento a la venta o de dueño único.

Generalmente una persona tenía que pasar por departamentos anteriores antes de llegar al suyo. Esto era debido a que no había pasillos ni corredores en la gran mayoría de las ínsulas. A su vez, las escaleras, eran verticales y pasaban de departamento a departamento. Haciendo que fueran como un laberinto complejo y difícil de sortear para los recién llegados.

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Problemas: Generalmente, el lote, era comprado por un empresario que invertía en la ínsula y trataba de sacar el mayor provecho de estas. Era un inversión especulativa donde se trataba de invertir lo menos posible, ahorrando en materiales y calidad de construcción y a la vez aprovechando el espacio de la mejor manera posible, construir más y más plantas. Esta búsqueda de una mayor rentabilidad del suelo adquirido llevaba a que algunas ínsulas superasen los siete u ocho pisos y los derrumbes fuesen constdantes. Los incendios eran moneda corriente. Uno de los factdores que promovió la propagación del impresionante incendio que tuvo suceso durante el imperio de Nerón fueron las ínsulas incendiándose una tras otra. Luego de este incendio,, y es por lo que se sospecha que fue provocado intencionadamente, se construyó una ciudad mejor planificada arriba de las ruinas.

Restricciones y leyes: Julio Cesar, quizás por haber vivido en una ínsula en su juventud, fue uno de los primeros líderes en ver los problemas que traían a la salud pública. No solo en la cantidad de pestes y enfermedades, que producía el hacinamiento en estas condiciones de vida, Una de las mayores causas de muerte eran los incendios y derrumbes. El hecho del poco espacio entre estas estructuras hacía que el fuego se propagase de una a otra. Para evitar esto, con el tiempo, se fueron decretando leyes para regular su construcción, aunque era muy difícil que alguien las tomara en cuenta. Cesar estableció una altura máxima de ocho plantas que fue rectificada por Augusto. Otro emperador que vio los problemas de las ínsulas fue Trajano quién limitó las alturas de las ínsulas a seis plantas. Luego cuando se comenzó a utilizar ladrillo, se aumentó de nuevo la altura.

Una restricción muy importante fue la que dictaba una separación mínima entre cada edificio, de esta manera se evitaría la propagación de los incendios. Estos edificios no tenían ni cocinas ni cuartos de baño y la gente utilizaba para calentarse los braseros, los cuales eran muy peligrosos en una estructura de madera y esta fue la razón por la que se empezaron a utilizar otros materiales en periodos posteriores.

Dichas restricciones y leyes mejoraron en gran medida la calidad de las construcciones. Se limitaron considerablemente los incendios y derrumbes que tanto eco habían hecho en los escritores de la época republicana.

Villae

En su origen, las villae, eran esencialmente casas de labor y a lo largo de la historia fueron desarrollándose hasta convertirse en auténticas unidades de explotación agrícola.

La villae comprende unas tierras o fundus y unos edificios donde se organiza el trabajo y desde donde se distribuyen los productos (es la villae propiamente dicha). Las hay de tamaño reducido, como pequeñas granjas; otras son extensas como pueblos, unas son esencialmente agrícolas y otras compiten en monumentalidad y riqueza con las domus de la ciudad.

Las villae fueron la plasmación arquitectónica de un sistema económico concreto (grandes explotaciones agrarias) y de las relaciones sociales (dominus-colonus-esclavo).

Se pueden disdtinguir tres grandes partes de una villae, atendiendo a su utilidad:

1.- Pars urbana, o área de vivienda del dueño.

2.- Pars rústica, o área de vivienda de esclavos, cocina y establos.

3.- Pars fructuaria, o área dedicada al almacenamiento y transformación de productos (lagares, bodegas, silos, etc.).

A ello había que añadir una parte de integración ideológica y espiritual. Las villaes se convirtieron en un centro de actividades espirituales y sociales de los miembros de la explotación. En esta parte es donde se encuentran las iglesias y las ermitas rurales.

Cada una de estas partes tenían las dependencias necesarias para su desarrollo y un modelo muy característico de arquitectura. Normalmente se organizaban en torno a la vivienda del dueño, centrada en un plano porticado (peristilo) en torno al cual se organizaban tods las dependencias.

Los materiales utilizados en la construcción de las villaes son los propios de su entorno, aunque fueran pobres y de media calidad. Lo que se primaba en especial era la economía y la resistencia a las cualidades estéticas.

Los muros se realizaban:

1.- En obras de mampostería en las zonas donde se disponía de piedra.

2.- de adobe (ladrillos de barro sin cocer).

3.- de tapial (encofrado de tierra con cal) sobre un pequeño zócalo de piedra en las restantes.

Se enlucían siempre, de estuco pintado (masa de yeso y mármol) en la zona residencial o de simple revoco (capa de cal y arena) en las restantes.

Se utilizaban ladrillos para construir los arcos de puertas y ventanas y para levantar columnas.

Los tejados solían construirse con estructuras de madera recubiertas de tejas planas o tegula, unidas por tejas curvas o imbrex. Los suelos podían ser de tierra batida en las zonas de trabajo, de argamasa con fragmentos cerámicos u opus testaceum, o de losas de mármol o mosaicos en las zonas más ricas.

Las villaes fueron algo más que simples explotaciones agropecuarias. Los romanos sintieron especial atracción por la vida en el campo. Al tiempo que consideraban su aspecto económico, se sentían fascinados por la naturaleza y el contacto con ella.

Por otra parte, las villaes, tuvieron un doble carácter: el de producción agraria y el de retiro y descanso de los propietarios. Este componente de disfrute de las delicias del campo variaba según las épocas y momentos económicos por los que atravesó el imperio romano.

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